viernes, 29 de junio de 2007

Dionisos vs. el Crucificado

YO
(un marco de referencia)
DÓNDE
(el ojo escudriña)
CUÁNDO
(Cronos, antropófago)
PARA QUÉ
(el absurdo es patente)
LA NADA


Cuando ya no te tragas el catecismo, la consecuencia última es la muerte de toda verdad necesaria, y zozobras.

Sueño y algo de embriaguez. Dos semanas de insomnio. Mejor los dejo con la piedra angular del futuro “ateísmo perfectamente coherente” que proclamó Sartre. Comenzaré con el prólogo de “Más Allá del Bien y del Mal”. ¿La fuente? Ahí tienen el link, la corrección ortográfica y la selección son mías. Volveré a dedicarle un par de entradas al viejo Federico. Porque éste no habla, aúlla.






(De "Más Alla del Bien y Del Mal", De Friedrich Nietzsche)



Suponiendo que la verdad sea una mujer -, ¿cómo?, ¿no está justificada la sospecha de que todos los filósofos, en la medida en que han sido dogmáticos, han entendido poco de mujeres?, ¿de que la estremecedora seriedad, la torpe insistencia con que hasta ahora han solido acercarse a la verdad eran medios inhábiles e ineptos para conquistar los favores precisamente de una mujer? Lo cierto es que ella no se ha dejado conquistar: - y hoy toda especie de dogmática está ahí en pie, con una actitud de aflicción y desánimo. ¡Si es que en absoluto permanece en pie! […] Hay buenas razones que abonan la esperanza de que todo dogmatizar en filosofía, aunque se haya presentado como algo muy solemne, muy definitivo y válido, acaso no haya sido más que una noble puerilidad y cosa de principiantes; y tal vez esté muy cercano el tiempo en que se comprenderá cada vez más qué es lo que propiamente ha bastado para poner la primera piedra de esos sublimes e incondicionales edificios de filósofos que los dogmáticos han venido levantando hasta ahora, - una superstición popular cualquiera procedente de una época inmemorial (como la superstición del alma, la cual, en cuantos superstición del sujeto y superstición del yo, aún hoy no ha dejado de causar daño), acaso un juego cualquiera de palabras, una seducción de parte de la gramática o una temeraria generalización de hechos muy reducidos, muy personales, muy humanos, demasiado humanos. La filosofía de los dogmáticos ha sido, esperémoslo, tan sólo un hacer promesas durante milenios […] Parece que todas las cosas grandes, para inscribirse en el corazón de la humanidad con sus exigencias eternas, tienen que vagar antes sobre la tierra cual monstruosas y tremebundas figuras grotescas; una de esas figuras grotescas fue la filosofía dogmática, por ejemplo la doctrina del Vedanta en Asia y en Europa el platonismo. No seamos ingratos con ellas, aunque también tengamos que admitir que el peor, el más duradero y peligroso de todos los errores ha sido hasta ahora un error de dogmáticos, a saber, a la invención por Platón del espíritu puro y de bien en sí. Sin embargo, ahora que ese error ha sido superado, ahora que Europa respira aliviada de su pesadilla y que al menos le es lícito disfrutar un mejor - sueño, somos nosotros, cuya tarea es el estar despiertos, los herederos de toda la fuerza que la lucha contra ese error ha desarrollado y hecho crecer. En todo caso, hablar del espíritu y del bien como lo hizo Platón significaría poner la verdad cabeza abajo y negar el perspectivismo(*), el cual es condición fundamental de toda vida; más aún, en cuanto médicos nos es lícito preguntar: “¿de dónde procede esa enfermedad que aparece en la más bella planta de la Antigüedad, en Platón? ¿es que la corrompió el malvado Sócrates?, ¿habría sido Sócrates, por tanto, el corruptor de la juventud?, ¿y habría merecido su cicuta?” - Pero la lucha contra Platón o, para decirlo de una manera más inteligible para el “pueblo”, la lucha contra la opresión cristiano-eclesiástica durante siglos -pues el cristianismo es platonismo para el “pueblo”- ha creado en Europa una magnífica tensión del espíritu, cual no la había habido antes en la tierra: con un arco tan tenso nosotros podemos tomar ahora como blanco las metas más lejanas. Es cierto que el hombre europeo siente esa tensión como un estado penoso; y ya por dos veces se ha hecho, con gran estilo, el intento de aflojar el arco, la primera, por el jesuitismo, y la segunda, por la ilustración democrática: - ¡a la cual le fue dado de hecho conseguir con ayuda de la libertad de prensa y de la lectura de los periódicos, que el espíritu no se sintiese ya tan fácilmente a sí mismo como “penosidad”! (Los alemanes inventaros la pólvora - ¡todos mis respetos por ello!, pero volvieron a repáralo-, inventaron la prensa.) Mas nosotros que no somos ni jesuitas, ni demócratas, y ni siquiera suficientemente alemanes; nosotros los buenos europeos, y espíritus libres, muy libres - ¡nosotros la tenemos todavía, tenemos la penosidad toda del espíritu y la entera tensión de su arco! Y acaso también la flecha, la tarea y, ¿quién sabe?, incluso el blanco...






(*) Me extenderé sobre este concepto más adelante, a partir de los postulados de von Bertalanffy y del constructivismo (¡Muerte a las categorías kantianas!)

domingo, 3 de junio de 2007

Primer paso: El Cínico

Viddean "La Escuela de Atenas" de Rafaello de Sanzio... retratados pesos pesados, estigmas de Occidente: Platón, en el centro, con el "Timeo", junto a Aristóteles, con la "Ética"; Pitágoras, en primer plano explicando el "diatesseron". Apoyado en el bloque de mármol el gigantesco Heráclito, el río de Heráclito, antimateria de Parménides. A la derecha, Euclides, enseñando la parsimonia de su geometría; Zoroastro con el globo celeste, Tolomeo con el terráqueo... Al centro, recostado sobre los peldaños, Diógenes, el perro, sarcástico, obsceno, pisoteando, con su sola existencia, los humos de Platón...


Lo sospechoso de las soluciones es que cuando se requieren, se encuentran.
Sólo se puede empoderar incitando al sarcasmo.
Sólo se puede corroer escupiendo sobre todo discurso, sobre toda ideología.
La emancipación está en las preguntas y no en las respuestas.

¿Qué busco en este blog? Sólo dar un paseo sinuoso por las palabras que despabilan... quizá en algún momento alcancen sistematicidad y pueda pasear, entonces, con consecuencia por la praxis. A veces las ideas coagulan, requieren extirparción...

Quiero comenzar por Diógenes, bastardo de Antístenes. ¿La fuente? El otro Diógenes, el de Laertes:

Observando cierta vez un niño que bebía con las manos, arrojó el cuenco que llevaba en la alforja, diciendo: “Un niño me superó en sencillez”.

A los que le aconsejaban salir en persecución de su esclavo fugitivo, les replicó: "Sería absurdo que Manes pudiera vivir sin Diógenes y Diógenes, en cambio, no pudiese vivir sin Manes".

“No serás enteramente feliz hasta que tu criado te suene también las narices, lo que ocurrirá cuando hayas olvidado el uso de tus manos”.

Mientras Anaxímenes peroraba, Diógenes comenzó a esgrimir un pescado. Irritado aquél, Diógenes concluyó: “Un pescado de un óbolo desbarató el discurso de Anaxímenes”.

Mientras Platón definía al Hombre como un "bípedo desplumado", Diógenes arrojó una gallo al que le había arrancado todas las plumas, diciendo: "Éste es el Hombre de Platón".

“Hay que tener cordura para vivir o cuerda para ahorcarse”.

En otra ocasión, gritó: “ ¡Hombres a mí!” Al acudir una gran multitud les despachó golpeándolos con el bastón: “He dicho hombres, no basura”.

Estaba en una ocasión pidiendo limosna a una estatua. Preguntándole por qué lo hacía, contestó: “Me ejercito en fracasar”.

"¿Por qué –se le preguntó- la gente da dinero a los mendigos y no a los filósofos?” “Porque –repuso- piensan que, algún día, pueden llegar a ser inválidos o ciegos, pero nunca filósofos.”

Un día estaba Diógenes comiendo un plato de lentejas. En ese momento llegó Aristipo, filósofo que trabajaba para el rey, quien le dijo: "Mira, si tu trabajaras para el rey, no tendrías que comer lentejas". Diógenes le contesto: "Si tu comieras lentejas, no tendrías que trabajar para el rey".

Dicen que Diógenes caminaba por las calles de Atenas con una lámpara encendida a plena luz del día. Cuando alguien le preguntaba por qué tenia la lámpara prendida, él contestaba: "Busco algún hombre honesto".

Alejandro Magno, al ver a Diógenes, le dijo: “Pídeme cualquier deseo”, a lo que Diógenes replicó: "Muévete, que tapas mi sol”.

El Cínico, otra vez...

Quizá Borges algún día sentenció: “Todo encuentro es una cita” (parafraseando, debo a la conjunción de la embriaguez y un profesor de derecho el descubrimiento de esa frase).


Teleología bertalanffiana + Relatividad einsteniana.
No es descabellado pensar en alguna especie de fatalismo…

Quizá en algún lugar de la estructura de la historia estaba implícito el encuentro entre Alejandro, el Magno, y Diógenes, el perro, teñido tenso en tela por Gaspard de Crayer (“Alejandro y Diógenes”). De pie, opulento, el Grande, dueño del mundo, junto a todo su aparato de poder; sentado, paupérrimo, el Cínico, la prescindencia de lo prescindible (y de lo vociferado como imprescindible: encienda su televisor). La tácita, demente, contundente negación de Alejandro…


Nada de pregonar la estúpida toma del Estado.
Nada de oponer ideología a ideología.
Sólo se derrocan chanchos para proclamar otros chanchos (con ideologías “reformadas” o “revolucionarias”, pero SIEMPRE ideología de chanchos).
Sólo el desprecio, la renuncia y el sarcasmo, el espíritu crítico, la sutileza del razonar, la sospecha ante todo discurso y ante cualquier verdad.
El resto es un constante rotar de oscurantismo y explotación.

Como quedaron un par de sabrosas frases en el tintero, vuelvo, por última vez, a Diógenes, de Sínope. Nuevamente la fuente es Diógenes, de Laertes. Prometo próximamente salir de Atenas, variar de monstruo.


Cierta vez, mientras se masturbaba en la plaza pública, exclamaba: “Ojalá también se saciara el hambre sobándose uno la barriga”.

Platón, en un banquete ofrecido por él, hablaba sobre las alfombras que últimamente había traído de Persia. Diógenes comentó: “Pisoteo los humos de Platón”.

Un sacerdote aseguraba que a los admitidos en los ritos les esperaban innumerables bienes en el Hades. Diógenes le replicó: “¿Por qué, entonces, no te suicidas?”.

Se dice que luego de su encuentro con Diógenes, Alejandro el Magno exclamó: “De no haber nacido Alejandro, hubiese querido nacer Diógenes”.

Cuenta Diógenes Laercio que un buen día decidió consultar al oráculo y recibió como respuesta "invalidar la moneda en curso". Como todas las respuestas del oráculo eran enigmáticas, dicha respuesta tenía al menos tres sentidos: falsificar la moneda, modificar las leyes o transmutar los valores. Diógenes no quiso elegir e hizo las tres cosas. El resultado: lo desterraron de Sínope. “Pues yo los condeno a quedarse”, ironizó.

Viendo en cierta ocasión cómo los sacerdotes custodios del templo conducían a uno que había robado una vasija perteneciente al tesoro del templo, comentó: “Los ladrones grandes apresan al pequeño”.

Le preguntaron cuándo deben casarse los hombres, y respondió: “Los jóvenes todavía no; los viejos, nunca”.

Volvía de los juegos olímpicos y uno le preguntó si había concurrido mucha gente, a lo que respondió: “Gente mucha, hombres pocos”.

Viendo al hijo de una meretriz tirando una piedra a la gente, le dijo: “Ten cuidado, no vayas a darle a tu padre”.

Le echaban en cara que bebía en la taberna. Respondió: “Y en la barbería me corto el pelo”.

Viendo a un arquero sin destreza, se sentó junto al blanco diciendo: “No sea que me hiera”.

A Dídimo, médico que tenía fama de adúltero, le dijo cuando curaba un ojo enfermo a una muchacha: “Ten cuidado, no sea que curándole el ojo le desflores la pupila”.

Un joven le dijo: "La gente se ríe de ti", a lo que Diógenes contestó: "Quizá también los asnos se ríen de ti, pero ni a ti te importan los asnos, ni a mi la gente".

Murió en Corinto en el año 327 a.C. Algunos afirman que se suicidó conteniendo el aliento...